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sábado, 13 de febrero de 2016

A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR IV

LO QUE LE OCURRIÓ A UNA JOVEN POR NO ACEPTARSE A SÍ MISMA


Como de costumbre, Raquel y María estaban hablando de su día a día. Últimamente no se veían mucho, y por ello Raquel se sentía más sola de lo normal, así que decidió contarle a María la situación por la que estaba pasando.
-María, siento que todo esto me supera… El cambio de la ESO a Bachillerato, mis nuevos compañeros, mi constante problema con los chicos… Me siento insegura, más bien insatisfecha conmigo misma. Me da la sensación de que falla algo y ese algo soy yo… No me encuentro, ¿me entiendes? No sé cómo explicarlo… La cuestión es que, inevitablemente, me veo gorda, fea…, siempre reflejada en el espejo de forma negativa, y todo a pesar de que me insistan en lo contrario. Por ello, es que desde hace ya meses llevo tomando medidas, como dietas, deporte, beber mucha agua, dejar a un lado todo aquello que no sea natural para el cuerpo y muchas cosas más en las que no paro de pensar continuamente. Lo peor de todo es que, cuando empiezo a sentirme mejor, me doy "atracones" de comida, y la culpa es aún más grande de que era antes... No encuentro reposo, no me siento feliz... 
María, al escuchar los lamentos de su amiga, le contesta:
-Raquel- dijo María-, lo que te sucede es algo que se está haciendo común entre las jóvenes del siglo XXI. Os obsesionáis con vuestro cuerpo aun siendo preciosas tal y como sois. Mira, te aconsejo que no vayas por ese camino, busca ayuda, más te vale acabar con esto ya, porque, de no hacerlo, acabarás como Andrea, la chica que iba al instituto de la esquina.
Raquel ante tal contestación le pidió a María que le contase qué le había sucedido.
-Raquel- dijo María-, a Andrea, la chica con la que solíamos jugar de pequeñas, esa que no era muy atractiva que digamos, le ocurrió más o menos lo mismo que a ti. Empezó a obsesionarse con su cuerpo cada vez más; ¿y por qué? Por nada, por querer ser aceptada por los demás, por llamar la atención de aquellos que la veían andar por los pasillos, por sentirse querida por un chico… Llegó un momento en el que sí, su cuerpo empezó a parecerse a ese que tanto deseaba. Sin embargo, Andrea no se daba por satisfecha, tanta era su obsesión, que siempre se encontraba un defecto. La pobre chica acabó mal, muy mal. Si al principio estaba rellenita ahora estaba delgadísima y débil; si antes tenía pocos granos, ahora su piel se había demacrado, perdido su brillo; el esmalte de sus dientes se desgastó por causa de los jugos gástricos al vomitar… Tarde fue cuando se dio cuenta de lo que había hecho y mucho le ha costado rehabilitarse… Hay cosas que son irremediables, que siempre dejan huella, que siguen ahí…

Y tú, Raquel, si sigues así, acabarás como esa chica o puede que peor. Eres perfecta tal y como Dios te creó, con tu perfectas imperfecciones. Y, ¿quién sabe si un día algún chico amará esas imperfecciones? Sé optimista. Deja de decirte a ti misma lo difícil que es tu vida. Nadie dice que sea fácil. Céntrate en luchar y mejorar lo que esté en tu mano. Acepta la envidia y los celos que puedas sentir hacia alguien, exprésalos si hace falta… pero no dejes que te destruyan. Dale una patada al perfeccionismo, reconoce tus logros…
A Raquel le encantó todo esto que su amiga María le había aconsejado, siguió sus recomendaciones a partir de ese momento y, aun costándole, le fue bien y logró sentirse mejor consigo misma.
Y como vi que este cuento era bueno, lo he puesto en este libro, mi diario, y he escrito unos versos que dicen así:

“Si feliz quieres estar,
Tu cuerpo has de cuidar”.

Anónimo


viernes, 12 de febrero de 2016

A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR III



LO QUE LE SUCEDIÓ A UN HOMBRE QUE NO PODÍA DEJAR DE FUMAR.


Se encontraba Jaime hablando con su mejor amigo, Alberto, y le dijo:
-Alberto, llevo tiempo intentando dejar de fumar y por más que lo intento no soy capaz, ni los chicles de nicotina ni el cigarro electrónico me ayudan. Por favor, ayúdame a dejarlo.
Alberto lo escuchó con mucha atención y le dijo:
-Jaime, tu problema me recuerda mucho al que tuvo mi hermano Antonio.
Jaime le pidió que se lo contara.
-Tuve un hermano llamado Antonio que empezó a fumar desde muy joven. Él siempre decía que quería dejarlo y que utilizaba métodos como los parches de nicotina para ello, pero realmente lo que le faltaba era voluntad, realmente no quería dejarlo y no se esforzaba para ello. Esto se debía a que aún no le había provocado ninguna enfermedad. Varios años más tarde, le diagnosticaron un cáncer de lengua y de pulmón, pero era tan adicto que no pudo dejarlo, lo que le provocó una metástasis y le ingresaron en el hospital urgentemente. Allí dejó de fumar, pero estaba muy angustiado porque su cerebro lo necesitaba y la metástasis era tan grande que al final no pudieron hacer nada y murió.
Así que ya sabes, Alberto, si realmente quieres dejar de fumar, lo que más te ayudará será tu fuerza de voluntad y no los métodos farmacéuticos, pero como sea demasiado tarde te será muy difícil dejarlo.
Alberto siguió el consejo de Jaime y consiguió dejar de fumar poco tiempo después.
Y como vi  que este cuento era bueno, lo hice poner en este libro y escribí  unos versos que dicen así:

“Si un vicio quieres dejar,
tu fuerza de voluntad deberás utilizar”.


Javier Martínez Estévez, BCT11

jueves, 11 de febrero de 2016

A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR II

DE LO QUE LE SUCEDIÓ AL HOMBRE QUE PERDIÓ LA OPORTUNIDAD DE SER AMADO


 ¡Patronio! ¡Patronio! -gritaba el conde Lucanor. ¡Necesito tu ayuda!
Dígame, señor mío –dijo el sirviente.
Ayer estaba yo dando un paseo por Sanlúcar de Barrameda, cuando me encontré a una muchacha –explicaba el señor-. Sin querer, tropecé con ella y cuando la vi sentí que sería el amor de mi vida, ¿qué me aconsejaría usted que hiciera?
Esto que me cuenta usted, me recuerda una vieja historia que me contó mi madre cuando era chico –le contestó Patronio. La historia decía así:
Érase un mozo al cual nadie quería, no se sabe bien el por qué, ya fuera por sus apariencias o ya fuera porque no tenía dinero. Un día iba tan tranquilamente paseando cuando tropezó con una señorita por casualidad. El chico se disculpó y la chica, tan amable, quiso quedarse un rato a hablar con él. Estuvieron hablando durante horas, pero la mujer ya se tenía que ir y entonces quedaron para verse otra vez, en aquel mismo sitio, al día siguiente.
El muchacho pensó que esa señorita era demasiado para él y que se merecía algo mejor, por lo que no se presentó a aquella cita y perdió la oportunidad de ser querido por alguien.
Con esta historia que le cuento –explicaba Patronio– le quiero venir a decir que, si a usted le ha gustado aquella muchacha, vaya tras ella y no la deje escapar, ya que no sabe si volverá a sentir eso por otra persona.
Al conde Lucanor le gustó el consejo dado por Patronio, decidió llevarlo a cabo y le fue bien; y como a mí me ha parecido de interés, lo he contado aquí.

Moraleja:

                      Aprovecha sin dudar el momento,
                       o la oportunidad se la llevará el viento.

 Lucía Pérez Rodríguez, BCT11   




miércoles, 10 de febrero de 2016

A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR I

Estamos convencidos de que nuestros alumnos necesitan escribir, escribir y escribir para poder domar "el rebelde y mezquino idioma", como decía el poeta. Deben intentarlo una y otra vez porque no hay cosa más difícil que cuajar con palabras el pensamiento. De hecho, el pensamiento se sustenta en palabras y, si no se sabe construir con ellas, las ideas no tendrán consistencia.

En fin, desde el departamento de Lengua y Literatura no dejamos de intentarlo y cualquier excusa es buena. 

Los alumnos de 1º de Bachillerato han tenido que estudiarse El conde Lucanor, obra inmortal de don Juan Manuel (allá por el siglo XIV), así que les hemos pedido que escribieran ellos un cuento con la misma estructura que los de don Juan. Iremos dejando aquí algunos de ellos, todos con sabrosos consejos. Disfrutadlos.

DE LO QUE LE SUCEDIÓ A UNA MUJER POR NO PEDIR AYUDA



Otra vez estaba el conde Lucanor hablando con Patronio, su consejero, y díjole así:
-Patronio de un tiempo acá, he notado que se meten conmigo en la escuela por ser como soy. Y tengo tantos pensamientos negativos y tanta depresión dentro de mi alma, que por más que intento evitarlos, no hablando en clase y no relacionarme con nadie, no sirve de nada. Y ya no sé qué hacer.
Lo escuchó muy atentamente Patronio, y contestó al conde:
-Señor conde Lucanor –dijo Patronio- lo que os acontece a vos se parece a lo que le sucedió a mi amiga Juana en su época de estudiante.
El conde muy desesperado, rogó que le contara lo que le había ocurrido a su amiga.
Señor conde –dijo Patronio- en mi clase había una muchacha llamada Juana, que era muy callada y poco sociable, debido a que de pequeña le había costado mucho aprender a leer y a escribir y cuando fue creciendo le aparecieron más problemas, ya que tenía que entender y estudiar muchas cosas.
Los compañeros se metían mucho con ella por cómo era y porque no entendía las cosas. También hacia preguntas tontas, según ellos, aunque para ella no lo eran. Muchas veces se equivocaba al leer o en cualquier otra cosa y se reían. Siempre estaba deprimida y para evitar que se metieran con ella no hablaba ni se relacionaba con nadie, pero esto empeoraba las cosas, ya que lo acumulaba todo y en su casa explotaba y se echaba a llorar, sola. Lo bueno de Juana era que se esforzaba mucho y era muy trabajadora, incluso sacaba buenas notas.
Así Juana decidió hablar con sus padres y con su tutora y se les contó todo lo que le ocurría. Estuvo mucho tiempo en psicólogos y apoyos que la ayudaban a superar todo esto y lo que venía después. Sus padres y su tutora la animaban en todo para que siguiera adelante en todo lo posible y Juana empezó a relacionarse a tener amigos y a sentirse feliz.

Y vos, señor conde Lucanor, si seguís aguantando todo solo vais a estar peor. Tenéis que pedir ayuda a quienes os quieren y os aprecian, aunque vos no los veáis, tenéis muchos. Y no saben lo que os pasa y nadie os puede ayudar si no ponéis vuestro granito de arena. Y si pensáis que no os van a ayudar, eso no es así, porque sois muy trabajador y un buen estudiante. Como lo que le dijeron un día a Juana:”Vale más el trabajo que la inteligencia”.

Al conde Lucanor le gustó mucho esto que Patronio le contó, siguió sus consejos y le fue bien.

Y como don Juan vio que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

“Con ayuda y dedicación,
 te saldrá todo a la perfección”


Laura González Pajuelo, BCT11