Los primeros días del curso, el departamento de Lengua y Literatura preparó una serie de actividades lúdico-didácticas para recibir a los más pequeños. Entre ellas está el taller de microrrelatos: se organiza curso por grupos y se les entrega a cada uno un par de palabras elegidas al azar; con ellas, han de elaborar una pequeña historia. Este año la cosecha ha sido muy buena, tenemos muchas historias hermosas o graciosas. Aquí os dejamos algunas.
EL VIEJECITO
Manolito era un señor mayor y fiel a su esposa. Un día, en una calle oscura, fue atracado por un famoso delincuente. No le quedó dinero para coger el autobús, así que llegó muy tarde a su casa y su mujer creyó que le estaba engañando y le dio con la sartén en la cabeza.
Geral y Gabriel
EL VIAJE DE CHOP
Chop era un pitbull simpático y educado. Su mayor ilusión era viajar a Nueva York para encontrarse con su hermano. Un día consiguió colarse en un barco que viajaba para allá. Cuando ya se veía la costa americana, el barco chocó con una mina y se hundió. Chop nunca llegó a su destino.
Aarón y Lola
EL VIEJO POETA
Era un poeta tan viejo, tan viejo, tan viejo, que por el agujero del pantalón se le escapaban las letras que llenaban su cuerpo y sus bolsillos.
Allá donde iba el viejo poeta dejaba un reguero de letras sueltas y perdidas, como el rastro de un caracol o las huellas de unos pies en el barro. Cualquiera podía saber si había pasado por allí, pues en el suelo quedaba las pes, las zetas, y las haches de su universo creativo.
Natalia, Ana, Nadia y Pablo
LA ISLA DEL TESORO
En la época del Oscurantismo, había un pirata que había encontrado el mapa de un tesoro que estaba en una isla. El mapa conducía a la cueva donde vivía un monstruo morado con pintas verdes. El pirata fue en busca de su tesoro y se encontró con el monstruo, que se lo comió. Nadie supo nunca qué había en el cofre.
Lucía y María
LA GOTA REBELDE
Una nube de tormenta cargada con millones de gotas de lluvia viajaba hasta unos secos y desesperados campos castigados por el sol y la sequía. Al llegar a su destino, las compuertas se abrieron y las gotas de lluvia, en ordenadas filas, empezaron a caer.
Durante horas llovió y llovió sin parar, hasta que la nube, exhausta, iba a cerrar las compuertas para volver al mar en busca de más agua. Entonces se dio cuenta de que en lo más profundo de sí quedaba una pequeñísima gota asustada y temblorosa.
Carlos, Alba, Inés y Vanesa
EL POEMA DE QUITO
Aquel poema escrito en Quito fue llevado por el viento y fue visto por última vez en aquellas arenas del desierto tan ardientes como las llamas de un volcán.
Andrea y Laura
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jueves, 29 de septiembre de 2016
miércoles, 28 de septiembre de 2016
COSAS QUE SE QUEDARON EN EL TINTERO
Los comienzos son difíciles, pero no lo son menos los finales. El curso pasado se nos quedaron algunas cosas en el tintero, como esta narración que ganó nuestro premio literario. Lo remediamos ahora. Ahí va.
LOST-VILLEY
-
Es tu primer año de preparación.
-
Sí, eso creo.
"Sí,
eso creo", llevo repitiendo eso desde que cumplí dieciséis años, la edad en la que empiezas a
participar en el proceso de preparación que lleva a cabo el pueblo, Lostvilley.
Cada año deben prepararse, y ahora que he cumplido la edad establecida, debo
prepararme para la noche del siete de noviembre. En realidad, no sé muy bien de
qué o de quién nos estamos defendiendo, solo oigo los repetitivos comentarios
del consejo advirtiéndonos que debemos protegernos a nosotros mismos y a
nuestras familias de lo que sucede esa noche. El consejo es el máximo encargado
de la preparación, se encarga de llevar el listado donde aparecen los nombres
de las personas que deben cooperar y a las que se les asignan tareas para que
sea más llevadero el proceso, teniendo en cuenta que Lostvilley tan solo cuenta
con 120 habitantes, la mitad de los cuales tienen menos de dieciséis años por
lo que no pueden ayudar en la preparación. Mi madre forma parte del consejo,
por lo que cuando llego a casa después del instituto me informa de que voy a
ser la encargada de la supervisión de las armas.
- Pero
si yo nunca he utilizado armas, Madre - respondo nerviosa.
-
Pues tendrás que hacerlo. Este año va a ser el más difícil de todos.
-
Pero...
-
Pero nada. Cuando terminen las clases te espera Lynn en la sala de armas.
Y
antes de que pueda contestar, mi madre ya se ha marchado.
Mi
madre y yo vivimos solas, y como ella es la máxima representante del consejo
pasa la mayor parte del tiempo fuera, por lo que siempre he tenido que ir
aprendiendo cómo arreglármelas por mí misma. Intento olvidar el papel que debo
jugar este año en la preparación y subo a mi habitación para seguir con la
rutina que me supone el instituto. Tiro la mochila en mi cama y me pongo el
pijama. Cuando termino de cambiarme, abro la mochila y saco loto lo que necesito
para colocarlo encima del escritorio y pasarme toda la tarde realizando las
tareas que han mandado.
Cuando
por fin consigo acabar con todas las tareas, son las diez de la noche. Me
levanto para cenar algo e irme a dormir, intentando prepararme para lo que me
espera mañana.
Son
las seis de la mañana cuando suena la alarma. Me preparo y, a las siete estoy
saliendo de mi casa camino al instituto. Las clases empiezan a las 7:30 y
acaban a las 13:30. La mayoría de las asignaturas que damos giran en torno a la
preparación, para que así sepamos desde que empezamos la escuela lo que sucede
en el pueblo cada siete de noviembre y por qué. Aunque también nos dan a elegir
cuatro asignaturas normales; yo estoy cursando Matemáticas, Biología, Química y
Literatura. Cuando suena el timbre que indica el final de las clases, voy a la
cafetería y cojo algo para comer de camino a la sala de armas.
Cuando
llego no hay nadie, así que doy una vuelta para inspeccionar la sala. En todas
las paredes hay cajones metálicos en los que supongo que están guardadas todas
las armas. Me acerco al que tengo más próximo y leo la etiqueta donde pone
"armas de fuego", así que supongo que están clasificadas por tipos.
Al final de la sala hay una puerta que da a la sala de tiro donde encuentro a
Lynn.
-
Tú debes de ser Stela.
- Sí,
y tú, Lynn, ¿verdad?
- ¿Tienes
alguna idea de armas? - me pregunta seca.
-
No mucho - respondo dubitativa.
-
En ese primer cajón están las armas de fuego cortas que comprende las pistolas
y revólveres. Estas son las que soléis utilizar los novatos. En el cajón de al
lado están guardadas las armas de fuego largas para vigilancia y guardería. En
el de al lado se encuentran las armas accionadas por aire u otro gas
comprimido. En la otra parte de los cajones guardamos las armas blancas, donde
se encuentran los cuchillos o los machetes. Y en el resto de cajones que quedan
hay ballestas, armas para lanzar, armas de sistema Flobert y arcos. Eso es todo
- dice de manera mecánica.
- Vale...
¿Y cuál es mi papel aquí?
-
¿No te lo ha dicho la consejera Grete?
-
¿Quién? ¿Mi madre? Solo me dijo que me iba a encargar de la supervisión de las
armas, pero no sé qué debo hacer concretamente.
-
Debes aprender a utilizar todas las armas para liderar uno de los pelotones de
ataque. Además debes aprender todo lo relativo a las armas para poder asignar
la mejor a cada miembro de tu pelotón. También serás la encargada de
transportar todo lo necesario para el ataque, además de diseñar uno.
-
¿Qué? ¿Y si no quiero hacerlo?
-
Mueres.
Nos
quedamos en silencio durante un largo rato hasta que ella consigue articular
palabra.
-
Vamos, empecemos el entrenamiento.
Son
las ocho cuando termino el entrenamiento basado en el reconocimiento de armas.
Seis horas aprendiendo las características de una pistola tras otra. Cuando
consigo llegar a mi casa me siento agotada y hambrienta, por lo que cuando mi
madre me pregunta qué tal ha ido el entrenamiento solo soy capaz de mirarla
mientras respiro entrecortadamente.
-
¿De qué vas?
-
¿Cómo? - dice sorprendida.
-
¿Estás loca o qué te pasa? ¿Cómo se te ocurre meterme en algo así en mi primer
año de preparación?
-
Es lo mejor para ti, debes estar bien preparada para poder sobrevivir esa
noche.
- ¿Lo
mejor para mí? Te recuerdo que de mí va a depender la vida de mi pelotón. ¿Cómo pretendes que serpa llevar a cabo un
buen plan siendo mi primer año?
-
Si te he otorgado esa ocupación es porque eres capaz.
-
Tú no tienes ni idea de lo que soy o no soy capaz, consejera Grete.
En
cuanto pronuncio la última palabra subo a mi habitación y cierro la puerta
dando un portazo. Empiezo a pensar en todas las tareas que debo realizar del instituto
pero decido irme a dormir. Cuando oigo el sonido de la alarma sigo tan enfadada
que rompo el reloj contra el suelo. Decido quedarme en casa y descansar para
llegar fresca la sala de armas.
A
las 13:00 como algo rápido y me dirijo hacia el entrenamiento. Cuando llego a a
la sala de tiro, Lynn ya está preparada con todas las armas que voy a tener que
aprender a utilizar hoy.
-
¿Preparada?
-
Más que nunca.
Después
de pasarme seis horas aprendiendo a disparar, tengo la muñeca y el hombro
doloridos. Llego a casa y, por suerte, mi madre no está, así que subo a mi habitación
y sigo la misma ruta de ayer.
Cuando
abro el ojo por la mañana veo que son las 12:30 y me pregunto por qué no ha
sonado mi despertador hasta que me doy cuenta de que sigue roto en el suelo.
Decido cambiar mi rutina para siempre y dejar de ir al instituto para dedicarme
a mi entrenamiento.
En
los próximos cuatro meses mi habilidad con las armas mejora por momentos, así
que el mes que me queda de entrenamiento lo dedicamos a ensayar técnicas y
planes de ataque.
Mañana,
siete de octubre, tiene lugar el discurso que da todos los años mi madre frente
a todo el pueblo para recordar la acción que debemos realizar la noche del
siete de noviembre. Así que el siete de octubre a las diez de la mañana me
dirijo a la plaza del pueblo para escuchar el mismo sermón de todos los años.
-
Lost Villey - comienza mi madre- ya sabéis que justo dentro de un mes debemos
enfrentarnos a la noche más dura del año y por eso, como todos los demás años,
hemos estado preparándonos durante todo el año mediante la separación de tareas
para que así nos sea más fácil la supervivencia. La defensa fue dividida, por
el primer consejo, en diferentes rangos. Dentro de esos rangos se encuentran el
rango de las armas y ataque, el de vigilancia y el de protección, que es el
encargado de mantener a salvo a los que todavía no pueden defenderse por
hallarse por debajo del límite de edad para empezar la preparación. Ya se le
asignó a cada habitante de este pueblo su ocupación y durante los últimos meses
hemos estado entrenando muy duro para conseguir un año más pasar esta nefasta
fecha. Hoy, a tan solo un mes, debéis estar preparados tanto los que lucháis
como los que no. Dentro de un mes volveremos a ganar a la noche, aunque vaya a
ser la peor en años. Buenas tardes y gracias.
Después
de pronunciar la última palabra, la gente rompe en aplausos y todo el miedo que
han sentido en los últimos años desaparece. Ese miedo es sustituido por
esperanza, por el deseo de vencer un año más. Incluso yo deseo que llegue el
siete de noviembre para poder enfrentarme a lo que nos espera.
Al
día siguiente se empieza a notar el nerviosismo de la gente que va de un lado
para otro sin saber muy bien a dónde quieren ir o qué deben hacer. Yo me dirijo
hacia donde me he estado dirigiendo estos últimos meses, me dirijo hacia Lynn,
la única persona con la que no he hablado durante todos estos meses, ya que
desde la última discusión con mi madre no nos hemos vuelto a ver, y mejor que
haya sido así. Cuando llego a la sala de armas Lynn ya se encuentra allí,
sonriente como siempre, esperando mi llegada para comenzar con el
entrenamiento.
-
Menos de un mes - comenta en forma de saludo.
-Sí,
tantos meses preparándonos para una sola noche.
-
¿Tienes miedo?
-
No, ya no - respondo mirándola directamente a los ojos.
Ella
me sonríe y empieza con la preparación de las tácticas y planes. Pero no solo
hemos entrenado, hemos hablado y hemos reído y llorado. Hemos sido el apoyo de
cada una después de tanto tiempo en el que no hemos podido contar con nadie.
Por eso, hay veces que le agradezco a mi madre que me asignara este trabajo.
Aunque solo a veces, ya que sigue siendo una gran responsabilidad. Cuando llego
a mi casa me sorprendo de ver a mi madre, pero me muestro impasible ante su
presencia. Intento esquivarla e ir directamente hacia mi habitación, pero ella
impide mi camino.
- Stela,
queda menos de un mes. ¿Cómo llevas tu entrenamiento?
- Ni
se te ocurra hablarme como si te importase - digo en un tono bajo, amenazador.
-
No me hables así, sigo siendo tu madre.
-
Pues compórtate como tal. Me pusiste en el rango de armas y ataque en mi primer
año de preparación.
-
Lo sé.
-
Sin saber nada sobre armas o sobre ataque. No tenía ni idea de nada y aun así
arriesgaste mi vida y la de mi pelotón para otorgarme ese rango.
-
No exageres - dice resoplando. En ese preciso momento, mi paciencia o mi
cordura llegó a su límite. Saqué el revólver que llevaba escondido en la parte
trasera de mis pantalones tan deprisa, que no tuvo tiempo para reaccionar, y la
situé en el centro de su frente.
-
Me pusiste en ese rango porque no te importa si vivo o muero, poniendo en
peligro a la gente que llevo a mi cargo. Tuve que pasar meses y meses
practicando cómo disparar distintos tipos de armas llegando a cada con las
extremidades doloridas, cosas que no sabes porque no te dignaste a volver por
casa cuando yo estaba presente. He tenido que aprender cómo tendría que
reaccionar ante la muerte de uno de mis compañeros, que por cierto se trataría
de una muerte inocente. He tenido que aprender a mantenerme fría, a dejar de
tener sentimientos o compasión para realizar correctamente el trabajo que tú y
tu estúpido consejo me asignasteis. Así que ni se te ocurra decir que exagero.
Mi
madre se queda mirándome sin saber qué decir y, cuando empieza a abrir la boca
para responderme, empujo su hombro con el mío para poder abrirme paso hacia mi
habitación.
-
¿Apuntaste con tu arma a tu madre? - dice Lynn riéndose.
-
Sí, no sé qué me pasó, pero no me arrepiento.
-
Stela...
-
¿Qué?
-
Nada, sigamos con el entrenamiento.
Tan
solo queda una semana para el siete de noviembre por lo que esta tarde ya no va
a haber más entrenamiento, sino que voy a conocer a mi pelotón y a informarles
de los planes, técnicas y armas que debe llevar cada uno. Cuando llego a la
sala de armas encuentro a Lynn con un grupo de personas que supongo que es mi
pelotón.
-
Buenas tardes, capitana. Este va a ser el grupo que lideres en el ataque. A
partir de hoy, durante la semana que queda, te encargarás de entrenar, ensayar
e informar a tu pelotón. Eso es todo.
Después
de pronunciar la última palabra abandona la sala, no sin antes darme un apretón
en la mano para tranquilizarme.
-
Buenas tardes, pelotón - digo tras recuperar la compostura -. Como ya os ha informado
la capitana Lynn, yo seré la que os lidere. Por cierto, mi nombre es Stela y me
gustaría que os dirigieseis a mí con ese nombre. Bueno, empecemos con el
entrenamiento.
Durante
seis horas informo y entreno con mi pelotón la estrategia que he pensado para
sobrevivir a la noche del siete de noviembre. Por suerte, a todos los miembros
del grupo les parece una buena táctica, así que practicamos una y otra vez
hasta asegurarnos que nos sale a la perfección.
Toda
la semana la ocupo entrenando con mi pelotón por lo que no he visto a Lynn
desde que me lo presentó. No es hasta el día antes del ataque cuando la veo.
-
Mañana.
-
Mañana - es lo único que consigo responder.
-
Ten cuidado - y se le quiebra la voz.
-
Solo si tú lo tienes.
Y
sonreímos las dos, porque sabemos que mañana va a ser un día difícil y una
noche imposible. Porque sabemos que el siete
de noviembre siempre acaba con alguna muerte y el ocho amanece el día más dulce
y más amargo a la vez de todo el año. Y porque sabemos que no queremos
perdernos, porque al fin hemos encontrado una motivación que nos haga luchar
como nunca el siete de noviembre. No voy a luchar por el pueblo, voy a luchar
por Lynn.
Cuando
llego a mi casa intento dormir para prepararme para lo que nos espera mañana.
Son
las ocho de la mañana cuando salgo de mi casa para encontrarme con mi pelotón.
vamos a la sala de armas para repasar por última vez la estrategia y no dejar
cabos sueltos. La repasamos una y otra vez hasta que suena el reloj de la plaza
indicando que son las diez de la noche. Tan solo en media hora debemos
dirigirnos a la puerta principal del muero del pueblo y esperar hasta las once.
A las diez y cuarto suena la voz de mi madre por los megáfonos de la plaza
recordándonos que dentro de quince minutos debemos dirigirnos a nuestros
puestos y colocarnos según nuestros rangos. Además, recuerda al rango de
protección que debe ir recogiendo a todos los menores de dieciséis años para
esconderlos en la guarida bajo la iglesia.
Son
los quince minutos más largos de mi vida, pero al fin suena la alarma que
indica que ya son las diez y media y que debemos dirigirnos al muro.
Cuando
llego con mi pelotón a nuestra posición veo que el pelotón que está a nuestra
derecha está liderado por Lynn. Me lanzo hacia ella y la abrazo sin pararme a
pensar en las consecuencias que tendré más tarde por romper mi posición. Ella
parece sorprendida pero me mira a los ojos y posa sus labios en los míos. Y lo
único que se me viene a la cabeza es que espero que no sea un beso de
despedida. Sonreímos y vuelvo junto a mi pelotón y los animo para la lucha.
Quedan
cinco minutos para las once, cuatro, tres, dos, uno...
Todos
quedamos en silencio, esperando. En ese instante, el suelo empieza a temblar y
el temblor hace que la puerta del muro se empiece a resquebrajar hasta que
queda abierta. Giro la cabeza hacia mi derecha buscando la mirada de Lynn.
-
¿Preparada?
-
Más que nunca.
S. D. G.
sábado, 13 de febrero de 2016
A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR IV
LO QUE LE OCURRIÓ A UNA JOVEN POR NO
ACEPTARSE A SÍ MISMA
Como de costumbre,
Raquel y María estaban hablando de su día a día. Últimamente
no se veían mucho, y por ello Raquel se sentía más sola de lo normal,
así que decidió contarle a María la situación por la que estaba pasando.
-María, siento que todo esto me supera… El cambio
de la ESO a Bachillerato, mis nuevos compañeros, mi constante problema con los
chicos… Me siento insegura, más bien insatisfecha conmigo misma. Me da la
sensación de que falla algo y ese algo soy yo… No me encuentro, ¿me entiendes?
No sé cómo explicarlo… La cuestión es que, inevitablemente, me veo gorda, fea…,
siempre reflejada en el espejo de forma negativa, y
todo a pesar de que me insistan en lo contrario. Por ello, es que desde hace ya
meses llevo tomando medidas, como dietas,
deporte, beber mucha agua, dejar a un lado todo aquello que no sea natural para
el cuerpo y muchas cosas más en las que no paro de pensar continuamente. Lo peor de todo es que, cuando empiezo a sentirme mejor, me doy "atracones" de comida, y la culpa es aún más grande de que era antes... No encuentro reposo, no me siento feliz...
María, al escuchar los lamentos de su amiga, le
contesta:
-Raquel- dijo María-, lo
que te sucede es algo que se está haciendo común entre las jóvenes del siglo
XXI. Os obsesionáis con vuestro cuerpo aun siendo preciosas tal y como sois.
Mira, te aconsejo que no vayas por ese camino, busca ayuda, más te vale acabar
con esto ya, porque, de no hacerlo, acabarás como Andrea, la chica que iba al
instituto de la esquina.
Raquel ante tal contestación le pidió a María que
le contase qué le había sucedido.
-Raquel- dijo María-, a Andrea,
la chica con la que solíamos jugar de pequeñas, esa que no era muy atractiva
que digamos, le ocurrió más o menos lo mismo que a ti. Empezó a obsesionarse
con su cuerpo cada vez más; ¿y por qué? Por nada, por querer ser aceptada por los demás, por llamar la atención
de aquellos que la veían andar
por los pasillos, por sentirse querida por un chico… Llegó un momento en el que
sí, su cuerpo empezó a parecerse a ese que tanto deseaba. Sin embargo, Andrea no se daba por satisfecha, tanta era su
obsesión, que siempre se encontraba
un defecto. La pobre chica acabó mal, muy mal. Si al principio estaba rellenita
ahora estaba delgadísima y débil; si antes tenía pocos granos, ahora su piel se había demacrado, perdido su
brillo; el esmalte de sus dientes se desgastó por causa de los jugos gástricos
al vomitar… Tarde fue cuando se dio cuenta de lo que había hecho y mucho le ha
costado rehabilitarse… Hay cosas que son irremediables, que siempre dejan
huella, que siguen ahí…
Y tú, Raquel, si sigues así, acabarás como esa chica o puede que peor. Eres perfecta tal y
como Dios te creó, con tu perfectas imperfecciones. Y, ¿quién sabe si un día
algún chico amará esas imperfecciones? Sé optimista. Deja de decirte a ti misma lo difícil que es tu
vida. Nadie dice que sea fácil. Céntrate en luchar y mejorar lo que esté en tu
mano. Acepta la envidia y los celos que puedas sentir hacia alguien, exprésalos
si hace falta… pero no dejes que te destruyan. Dale una patada al
perfeccionismo, reconoce tus logros…
A Raquel le encantó todo esto que su amiga María le
había aconsejado, siguió sus recomendaciones a
partir de ese momento y, aun costándole, le
fue bien y logró sentirse mejor consigo misma.
Y como vi que este cuento era bueno, lo he puesto en este libro, mi diario, y he escrito unos versos que dicen así:
“Si feliz quieres estar,
Tu cuerpo has de
cuidar”.
viernes, 12 de febrero de 2016
A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR III
LO QUE LE SUCEDIÓ A UN HOMBRE
QUE NO PODÍA DEJAR DE FUMAR.
Se encontraba Jaime hablando
con su mejor amigo, Alberto, y le dijo:
-Alberto, llevo tiempo
intentando dejar de fumar y por más que lo intento no soy capaz, ni los chicles
de nicotina ni el cigarro electrónico me ayudan. Por favor, ayúdame a dejarlo.
Alberto lo escuchó con mucha
atención y le dijo:
-Jaime, tu problema me
recuerda mucho al que tuvo mi hermano Antonio.
Jaime le pidió que se lo
contara.
-Tuve un hermano llamado
Antonio que empezó a fumar desde muy joven. Él siempre decía que quería dejarlo
y que utilizaba métodos como los parches de nicotina para ello, pero
realmente lo que le faltaba era voluntad, realmente no quería dejarlo y no se
esforzaba para ello. Esto se debía a que aún no le había provocado ninguna
enfermedad. Varios años más tarde, le diagnosticaron un cáncer de lengua y de pulmón, pero
era tan adicto que no pudo dejarlo, lo que le provocó una metástasis y le
ingresaron en el hospital urgentemente. Allí dejó de fumar, pero estaba muy angustiado porque
su cerebro lo necesitaba y la metástasis era tan grande que al final no
pudieron hacer nada y murió.
Así que ya sabes,
Alberto, si realmente quieres dejar de fumar, lo que más te ayudará será tu
fuerza de voluntad y no los métodos farmacéuticos, pero como sea demasiado tarde te
será muy difícil dejarlo.
Alberto siguió el consejo de
Jaime y consiguió dejar de fumar poco tiempo después.
Y como vi que este
cuento era bueno, lo hice poner en este libro y escribí unos
versos que dicen así:
“Si un vicio quieres dejar,
tu fuerza de voluntad deberás utilizar”.
Javier
Martínez Estévez, BCT11
jueves, 11 de febrero de 2016
A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR II
DE LO QUE LE SUCEDIÓ AL HOMBRE QUE PERDIÓ
LA OPORTUNIDAD DE SER AMADO
¡Patronio!
¡Patronio! -gritaba el conde Lucanor. ¡Necesito tu ayuda!
Dígame,
señor mío –dijo el sirviente.
Ayer
estaba yo dando un paseo por Sanlúcar de Barrameda, cuando me encontré a una
muchacha –explicaba el señor-. Sin querer, tropecé con ella y cuando la vi
sentí que sería el amor de mi vida, ¿qué me aconsejaría usted que hiciera?
Esto
que me cuenta usted, me recuerda una vieja historia que me contó mi
madre cuando era chico –le contestó Patronio. La historia decía así:
Érase
un mozo al cual nadie quería, no se sabe bien el por qué, ya fuera por sus
apariencias o ya fuera porque no tenía dinero. Un día iba tan tranquilamente
paseando cuando tropezó con una señorita por casualidad. El chico se disculpó y
la chica, tan amable, quiso quedarse un rato a hablar con él. Estuvieron
hablando durante horas, pero la mujer ya se tenía que ir y entonces quedaron
para verse otra vez, en aquel mismo sitio, al día siguiente.
El
muchacho pensó que esa señorita era demasiado para él y que se merecía algo
mejor, por lo que no se presentó a aquella cita y perdió la oportunidad de ser
querido por alguien.
Con
esta historia que le cuento –explicaba Patronio– le quiero venir a decir que,
si a usted le ha gustado aquella muchacha, vaya tras ella y no la deje escapar,
ya que no sabe si volverá a sentir eso por otra persona.
Al
conde Lucanor le gustó el consejo dado por Patronio, decidió llevarlo a cabo y
le fue bien; y como a mí me ha parecido de interés, lo he contado aquí.
Moraleja:
Aprovecha
sin dudar el momento,
o la
oportunidad se la llevará el viento.
Lucía
Pérez Rodríguez, BCT11
miércoles, 10 de febrero de 2016
A VUELTAS CON EL CONDE LUCANOR I
Estamos convencidos de que nuestros alumnos necesitan escribir, escribir y escribir para poder domar "el rebelde y mezquino idioma", como decía el poeta. Deben intentarlo una y otra vez porque no hay cosa más difícil que cuajar con palabras el pensamiento. De hecho, el pensamiento se sustenta en palabras y, si no se sabe construir con ellas, las ideas no tendrán consistencia.
En fin, desde el departamento de Lengua y Literatura no dejamos de intentarlo y cualquier excusa es buena.
Los alumnos de 1º de Bachillerato han tenido que estudiarse El conde Lucanor, obra inmortal de don Juan Manuel (allá por el siglo XIV), así que les hemos pedido que escribieran ellos un cuento con la misma estructura que los de don Juan. Iremos dejando aquí algunos de ellos, todos con sabrosos consejos. Disfrutadlos.
DE LO QUE LE SUCEDIÓ A UNA MUJER POR NO PEDIR AYUDA
Otra vez estaba el conde Lucanor hablando con Patronio, su consejero, y díjole así:
En fin, desde el departamento de Lengua y Literatura no dejamos de intentarlo y cualquier excusa es buena.
Los alumnos de 1º de Bachillerato han tenido que estudiarse El conde Lucanor, obra inmortal de don Juan Manuel (allá por el siglo XIV), así que les hemos pedido que escribieran ellos un cuento con la misma estructura que los de don Juan. Iremos dejando aquí algunos de ellos, todos con sabrosos consejos. Disfrutadlos.
DE LO QUE LE SUCEDIÓ A UNA MUJER POR NO PEDIR AYUDA
Otra vez estaba el conde Lucanor hablando con Patronio, su consejero, y díjole así:
-Patronio de un tiempo acá, he notado que se meten conmigo en la
escuela por ser como soy. Y tengo tantos pensamientos negativos y tanta
depresión dentro de mi alma, que por más que intento evitarlos, no hablando en
clase y no relacionarme con nadie, no sirve de nada. Y ya no sé qué hacer.
Lo escuchó muy atentamente Patronio, y contestó al conde:
-Señor conde Lucanor –dijo Patronio- lo que os acontece a vos se parece
a lo que le sucedió a mi amiga Juana en su época de estudiante.
El conde muy desesperado, rogó que le contara lo que le había ocurrido
a su amiga.
Señor conde –dijo Patronio- en mi clase había una muchacha llamada Juana,
que era muy callada y poco sociable, debido a que de pequeña le había costado
mucho aprender a leer y a escribir y cuando fue creciendo le aparecieron más
problemas, ya que tenía que entender y estudiar muchas cosas.
Los compañeros se metían mucho con ella por cómo era y porque no
entendía las cosas. También hacia preguntas tontas, según ellos, aunque para
ella no lo eran. Muchas veces se equivocaba al leer o en cualquier otra cosa y
se reían. Siempre estaba deprimida y para evitar que se metieran con ella no
hablaba ni se relacionaba con nadie, pero esto empeoraba las cosas, ya que lo
acumulaba todo y en su casa explotaba y se echaba a llorar, sola. Lo bueno de
Juana era que se esforzaba mucho y era muy trabajadora, incluso sacaba buenas
notas.
Así Juana decidió hablar con sus padres y con su tutora y se les contó
todo lo que le ocurría. Estuvo mucho tiempo en psicólogos y apoyos que la
ayudaban a superar todo esto y lo que venía después. Sus padres y su tutora la
animaban en todo para que siguiera adelante en todo lo posible y Juana empezó a
relacionarse a tener amigos y a sentirse feliz.
Y vos, señor conde Lucanor, si seguís aguantando todo solo vais a estar
peor. Tenéis que pedir ayuda a quienes os quieren y os aprecian, aunque vos no
los veáis, tenéis muchos. Y no saben lo que os pasa y nadie os puede ayudar si
no ponéis vuestro granito de arena. Y si pensáis que no os van a ayudar, eso no
es así, porque sois muy trabajador y un buen estudiante. Como lo que le dijeron
un día a Juana:”Vale más el trabajo que la inteligencia”.
Al conde Lucanor le gustó mucho esto que Patronio le contó, siguió sus
consejos y le fue bien.
Y como don Juan vio que este cuento era bueno, lo hizo poner en este
libro y escribió unos versos que dicen así:
“Con ayuda y dedicación,
te saldrá todo a la perfección”
Laura
González Pajuelo, BCT11
viernes, 5 de febrero de 2016
EL NIÑO Y EL ELEFANTE
TALLER DE NARRACIÓN
En 2º de la ESO se ha realizado un taller narrativo que consistía en contar una historia a partir de una fotografía. Hemos elegido la mejor. Aquí tenéis la imagen y su historia. Esperamos que os guste.
EL PEQUEÑO ELEFANTE
Me levanto. Otro día igual, las mismas rejas, las mismas personas. Ahora es cuando entrará la misma chica de siempre diciendo lo mismo de siempre.
-Buenos días, Marfil. Vamos a prepararnos, que van a empezar las horas de visita.
Marfil, así es como me llaman. Las horas de visita, esas horas donde montones de "hijos", "papás" "abuelos" -lo sé porque así se llaman entre ellos-, se paran frente a mí y actúan como si fuese algo divertido. Les gusta verme comer, y por eso me tiran todo tipo de comida. Ellos saben que me sienta mal, pero aun así me la siguen dando porque les parece divertido.
Pero hoy es diferente. Hoy hay un niño, un niño que no me tira comida, que no se ríe de mí.
-Vamos, Steven, tenemos que irnos.
Steven, así es como le llaman.
Steven viene casi todos los días. Hoy vendrá, seguro. Me levanto y espero. Por fin le veo. Al lado suyo hay otro niño que se agacha para coger algo.
-Vamos a tirarle esta piedra.
Me va a hacer daño. Steven le quita la piedra. Retrocedo asustado. Ese niño que no se ríe de mí como los demás, me va a hacer daño. Pero no, tira la piedra al suelo y me mira.
-Tranquilo, no te voy a hacer daño.
Me acerco a la verja, tanto que los niños se asustan. Steven se queda quieto. Alargo mi trompa para intentar acercarme a él.
-¡Steven, aléjate de ahí!
-¿Qué pasa, señora? Oigo decir a uno de los chicos que me cuidan.
-Este elefante puede hacer daño a mi hijo.
-Tranquila, señora, nosotros nos encargamos.
El chico entra en mi jaula y me lleva hasta un sitio más pequeño y más oscuro que el de antes. No sé qué me van a hacer.
Hay un hueco. Asomo la cabeza y le veo. Ese chico, el que no se rio de mí, el que no me tiró comida, el que no me tiró la piedra; ese niño viene a ayudarme otra vez. Le veo correr, y algo que va a mucha velocidad, le hace desaparecer. No le veo y me pongo nervioso. Al rato oigo las pisadas del chico que me ha traído a este sitio, lleva algo en la mano. Se acerca y noto un poco de dolor. Empiezo a verlo todo negro y después...; después no siento nada.
Sandra Domínguez, E 2.3
En 2º de la ESO se ha realizado un taller narrativo que consistía en contar una historia a partir de una fotografía. Hemos elegido la mejor. Aquí tenéis la imagen y su historia. Esperamos que os guste.
EL PEQUEÑO ELEFANTE
Me levanto. Otro día igual, las mismas rejas, las mismas personas. Ahora es cuando entrará la misma chica de siempre diciendo lo mismo de siempre.
-Buenos días, Marfil. Vamos a prepararnos, que van a empezar las horas de visita.
Marfil, así es como me llaman. Las horas de visita, esas horas donde montones de "hijos", "papás" "abuelos" -lo sé porque así se llaman entre ellos-, se paran frente a mí y actúan como si fuese algo divertido. Les gusta verme comer, y por eso me tiran todo tipo de comida. Ellos saben que me sienta mal, pero aun así me la siguen dando porque les parece divertido.
Pero hoy es diferente. Hoy hay un niño, un niño que no me tira comida, que no se ríe de mí.
-Vamos, Steven, tenemos que irnos.
Steven, así es como le llaman.
Steven viene casi todos los días. Hoy vendrá, seguro. Me levanto y espero. Por fin le veo. Al lado suyo hay otro niño que se agacha para coger algo.
-Vamos a tirarle esta piedra.
Me va a hacer daño. Steven le quita la piedra. Retrocedo asustado. Ese niño que no se ríe de mí como los demás, me va a hacer daño. Pero no, tira la piedra al suelo y me mira.
-Tranquilo, no te voy a hacer daño.
Me acerco a la verja, tanto que los niños se asustan. Steven se queda quieto. Alargo mi trompa para intentar acercarme a él.
-¡Steven, aléjate de ahí!
-¿Qué pasa, señora? Oigo decir a uno de los chicos que me cuidan.
-Este elefante puede hacer daño a mi hijo.
-Tranquila, señora, nosotros nos encargamos.
El chico entra en mi jaula y me lleva hasta un sitio más pequeño y más oscuro que el de antes. No sé qué me van a hacer.
Hay un hueco. Asomo la cabeza y le veo. Ese chico, el que no se rio de mí, el que no me tiró comida, el que no me tiró la piedra; ese niño viene a ayudarme otra vez. Le veo correr, y algo que va a mucha velocidad, le hace desaparecer. No le veo y me pongo nervioso. Al rato oigo las pisadas del chico que me ha traído a este sitio, lleva algo en la mano. Se acerca y noto un poco de dolor. Empiezo a verlo todo negro y después...; después no siento nada.
Sandra Domínguez, E 2.3
miércoles, 3 de febrero de 2016
HISTORIAS DE TERROR V
LA CASA DE LA ABUELA
El Día de Difuntos me despertó mi madre entrando en mi habitación con el teléfono en la mano.
-Hija, este finde irás a casa de la abuela -dijo resaltando la palabra "irás".
-¿Tú y papá no iréis?
-No, pero tus primas sí. Recoge tus cosas que en una hora nos vamos.
No me dio tiempo a responder porque ya había salido de mi habitación. Me vestí, junté algunas cosas y las metí en una mochila; después bajé. Me subí al coche y fuimos hacia la casa de mi abuela, una pequeña casita apartada del pueblo en el que vive. Llegamos y vi a mis primas que habían llegado un poco antes. Me bajé del coche y me despedí de mis padres.
-Cuídate, y cualquier cosa, llámanos.
Se fueron y entré en la casa con mis primas Paula y Valentina. Dentro de la casa había muchas, muchas fotos de mi abuelo: en las paredes, sobre la mesa o sobre cualquier mueble. Me animé a preguntar.
-Abuela, ¿por qué hay tantas fotos del abuelo?
-Ya sabes que ha muerto. Es para recordarlo.
-¿De qué ha muerto? Nadie me ha contado nada -insistí yo picada por la curiosidad.
-Fue asesinado.
No pude decir nada, miré a mi abuela y vi que tenía una mirada extraña, parecía como si tuviera la mente en blanco, no había ninguna expresión en su cara.
-Bueno, abuela, vamos al pueblo a dar una vuelta- interrumpió Paula.
-Yo me quedo- dijo Valen.
-Yo también, no quiero salir- añadí yo.
Mi abuela y Paula se fueron, y me quedé sola con Valentina. Subimos a nuestro cuarto y acomodamos las cosas en su sitio. Como nos aburríamos, decidimos salir al jardín. Bajamos las escaleras y nos dirigimos a la puerta, pero no pudimos abrirla. Busqué las llaves en el cajón donde las guardaba la abuela, pero no estaban. Escuchamos un ruido arriba y creímos ver una sombra. Mi prima tenía miedo y se agarró a mí. Yo la tranquilicé. Escuchamos el sonido de cristales rotos. Decidimos subir a nuestro cuarto y allí vimos un jarrón roto en el suelo. Valen estaba cada vez más asustada y gritó con todas sus fuerzas al ver una figura blanca que se acercaba. Me acerqué a ella: era mi abuelo. Lo saludé tartamudeando.
-¿Qué hacéis aquí? No podéis estar aquí.
Sus palabras no sonaron con esa típica voz de fantasma de película, más bien parecía la de una persona normal, viva, que intentaba gastarnos una broma. Eso es, esto es una broma, pensé.
-¿Dónde estás, abuela?- dije yo.
-¿Qué dices, prima?, la abuela no está- dijo Valen.
-¿No ves que nos están gastando una broma?
-No lo creo- me contestó mi prima.
Era evidente que estábamos realmente solas. La figura había desaparecido. Oímos golpes en la habitación de al lado. Cuando entramos, vimos una ventana rota y que un rayo entraba por ella e iluminaba el cuadro de mi abuelo que había en la pared.
Escuchamos que la puerta de entrada se abría y las voces de mi abuela y Paula que ya estaban de vuelta. Cuando vieron nuestras caras de susto, nos preguntaron que qué nos pasaba. Les contamos todo lo ocurrido y, obviamente, no nos creyeron.
El resto del fin de semana pasó rápido y no volvió a ocurrir nada raro, aunque Valen y yo estuvimos muy inquietas. Cuando llegó la hora de volver, me preparé, salí de la casa, entré en el coche y, al mirar hacia la casa, allí estaba mi abuelo mirándome desde una ventana.
Rahela Cristina Petrosel, E 2.1
El Día de Difuntos me despertó mi madre entrando en mi habitación con el teléfono en la mano.
-Hija, este finde irás a casa de la abuela -dijo resaltando la palabra "irás".
-¿Tú y papá no iréis?
-No, pero tus primas sí. Recoge tus cosas que en una hora nos vamos.
No me dio tiempo a responder porque ya había salido de mi habitación. Me vestí, junté algunas cosas y las metí en una mochila; después bajé. Me subí al coche y fuimos hacia la casa de mi abuela, una pequeña casita apartada del pueblo en el que vive. Llegamos y vi a mis primas que habían llegado un poco antes. Me bajé del coche y me despedí de mis padres.
-Cuídate, y cualquier cosa, llámanos.
Se fueron y entré en la casa con mis primas Paula y Valentina. Dentro de la casa había muchas, muchas fotos de mi abuelo: en las paredes, sobre la mesa o sobre cualquier mueble. Me animé a preguntar.
-Abuela, ¿por qué hay tantas fotos del abuelo?
-Ya sabes que ha muerto. Es para recordarlo.
-¿De qué ha muerto? Nadie me ha contado nada -insistí yo picada por la curiosidad.
-Fue asesinado.
No pude decir nada, miré a mi abuela y vi que tenía una mirada extraña, parecía como si tuviera la mente en blanco, no había ninguna expresión en su cara.
-Bueno, abuela, vamos al pueblo a dar una vuelta- interrumpió Paula.
-Yo me quedo- dijo Valen.
-Yo también, no quiero salir- añadí yo.
Mi abuela y Paula se fueron, y me quedé sola con Valentina. Subimos a nuestro cuarto y acomodamos las cosas en su sitio. Como nos aburríamos, decidimos salir al jardín. Bajamos las escaleras y nos dirigimos a la puerta, pero no pudimos abrirla. Busqué las llaves en el cajón donde las guardaba la abuela, pero no estaban. Escuchamos un ruido arriba y creímos ver una sombra. Mi prima tenía miedo y se agarró a mí. Yo la tranquilicé. Escuchamos el sonido de cristales rotos. Decidimos subir a nuestro cuarto y allí vimos un jarrón roto en el suelo. Valen estaba cada vez más asustada y gritó con todas sus fuerzas al ver una figura blanca que se acercaba. Me acerqué a ella: era mi abuelo. Lo saludé tartamudeando.
-¿Qué hacéis aquí? No podéis estar aquí.
Sus palabras no sonaron con esa típica voz de fantasma de película, más bien parecía la de una persona normal, viva, que intentaba gastarnos una broma. Eso es, esto es una broma, pensé.
-¿Dónde estás, abuela?- dije yo.
-¿Qué dices, prima?, la abuela no está- dijo Valen.
-¿No ves que nos están gastando una broma?
-No lo creo- me contestó mi prima.
Era evidente que estábamos realmente solas. La figura había desaparecido. Oímos golpes en la habitación de al lado. Cuando entramos, vimos una ventana rota y que un rayo entraba por ella e iluminaba el cuadro de mi abuelo que había en la pared.
Escuchamos que la puerta de entrada se abría y las voces de mi abuela y Paula que ya estaban de vuelta. Cuando vieron nuestras caras de susto, nos preguntaron que qué nos pasaba. Les contamos todo lo ocurrido y, obviamente, no nos creyeron.
El resto del fin de semana pasó rápido y no volvió a ocurrir nada raro, aunque Valen y yo estuvimos muy inquietas. Cuando llegó la hora de volver, me preparé, salí de la casa, entré en el coche y, al mirar hacia la casa, allí estaba mi abuelo mirándome desde una ventana.
Rahela Cristina Petrosel, E 2.1
lunes, 1 de febrero de 2016
HISTORIAS DE TERROR IV
LA LLAMADA OCULTA
Un día normal como puede ser hoy, Mary se disponía a marcharse a clase. Cogió el bus de las ocho y cinco en la puerta de su casa, tras siete paradas cogió otro que la llevó hasta la parada más cercana de su instituto. Llegaba cinco minutos antes de la hora señalada para empezar las clases, como siempre, pero lo que a ella no le resultaba normal era estar recibiendo llamadas desde un numero oculto cada vez que el autobús hacia una parada. Ella respondía, pero nada se oía al otro lado de la línea, así que colgaba esperando que esa misteriosa persona volviera a llamar. Pero nada, no volvió a recibir ninguna llamada en toda la mañana, así que siguió con su día normal.
Terminó
su jornada lectiva, charló a la salida con sus compañeras y se dispuso a ir
hacia la parada del autobús para volver a casa. Ya se había olvidado de las
llamadas de esa mañana, por eso se sobresaltó al ver que en la primera parada
que hizo el autobús su móvil volvía a sonar. Enfadada, respondió la llamada,
pero esta vez fue diferente, al otro lado de la línea se oía la respiración
entrecortada de alguien, Mary, por más que preguntaba quién era, no recibía
respuesta. Indignada se dispuso a colgar, pero, para su sorpresa, la persona
misteriosa pronuncio unas palabras: “Te veo”. Y colgó. Mary dirigió la vista
hacia las personas que se encontraban en el autobús, pero ninguna tenía un
teléfono en la mano, nadie la miraba, ni se comportaba de forma extraña. Para
Mary todo era realmente misterioso. Cuando se quiso dar cuenta ya estaba a una parada de su destino. Bajó
corriendo del autobús y desde fuera, miró a sus pasajeros y, para su sorpresa,
vio a un encapuchado en la última fila que no había visto antes. Se quedó
fijamente mirándolo y este, cuando el autobús estaba a punto de girar la calle,
ya lejos de Mary, giró la cabeza y la miró fijamente, retiró su capucha y ella
pudo ver sus ojos inyectados en sangre que la miraban con perversidad. Mary, asustada,
subió a su casa y no pudo quitarse de la cabeza en toda la tarde los ojos de
aquel chaval que la miraban fijamente. Pero sonó algo que la hizo salir de sus
pensamientos: una llamada a su móvil, un número oculto. Respondió la llamada y
se encontró con el siguiente mensaje, con una voz ronca parecida a la de la
llamada anterior: “Sé que le has visto, pero ese no soy yo.” A Mary no le dio
tiempo a articular ni una palabra, pues este colgó rápidamente.
A la
mañana siguiente, Mary, perpleja por lo que había sucedido la tarde anterior,
no podía dejar de pensar en ello de camino a clase. De pronto recibió una
llamada otra vez, número oculto, descolgó y desde el otro lado de la línea, la
voz ronca de siempre empezó a decir todos sus secretos y pensamientos, esos que
nadie sabía, solo los que habitaban en la mente de Mary. Se dio cuenta de que
este misterioso personaje había entrado en su mente. Horriblemente asustada
hizo lo posible por dejar de pensar en ello; a lo mejor así salía este de su
mente, pero fue en vano, cada vez era peor, ya no recibía llamadas sino que esa
misteriosa voz la hablaba desde el interior de su cabeza, dándole órdenes y pervirtiendo
poco a poco su mente sin que ella tuviera fuerzas para poder remediarlo.
Y así,
día tras día, Mary se fue convirtiendo en una persona de la que era mejor
alejarse. Ella no sabía qué le estaba pasando, solo se dejaba guiar por la
persona que se había metido en su mente.
Hasta
que un día, este misterioso personaje que se había hecho dueño de la mente de
aquella muchacha decidió acabar con la vida de esta. Mary se dejó llevar por el
impulso de su mente controlada. Poco a poco fue cortando sus muñecas con esa
cuchilla con la que ya se había desahogado alguna que otra vez, creyendo que así
aliviaba sus problemas; pero esta vez los cortes eran profundos y la sangre
brotaba de ellos. Cuando Mary estaba casi inconsciente, mojó su dedo en la
sangre derramada en el suelo y escribió en la pared “NO DEJES QUE TU MENTE TE
DOMINE.” Pero su último impulso antes de morir, fruto de la manipulación de su
mente, fue borrar el “NO” de aquella frase.
Carlota Martín, E 2.3
sábado, 30 de enero de 2016
HISTORIAS DE TERROR III
EL BUS DE LAS 8
Esa noche no había dormido poco porque mi madre había salido y me costó conciliar el sueño. Me levanté; llegaba tarde a clase, por lo que salí corriendo.
Era una mañana con mucha niebla. Miré mi móvil para saber cuánto le quedaba al autobús por llegar, pero la aplicación había desaparecido. Me extrañó mucho, pero me quedé esperando y el autobús llegó. Le pregunté la hora al conductor: todavía me daba tiempo a llegar. Subí y el conductor me dijo que no hacía falta que picara, porque el viaje iba a ser muy largo. Miré para ver si había algún sitio libre. ¡No había nadie! Qué raro, pensé. Me senté atrás porque el conductor no me inspiraba mucha confianza. Me puse a mirar por la ventanilla, pero no se veía nada porque había mucha niebla y poca luz.
El bus se fue llenando de humo, como si hubiera entrado la niebla, y a mí cada vez me iba entrando más y más sueño; hasta que caí dormido. Cuando me desperté, no sabía dónde estaba. Fui a hablar con el conductor, pero... ¡No había nadie! Pensé que lo mejor era ver dónde estaba. Salí y no había nada, solo tierra, tierra y más tierra: eso era un desierto. A lo lejos vi una casa. Me acerqué, llamé a la puerta, pero nadie respondía. Entré. La casa estaba prácticamente vacía y había una escalera para subir al piso superior. Subí. La escalera estaba muy vieja y crujía. En el primer descansillo vi un osito de peluche ensangrentado. Decidí no pararme y seguir adelante. A medida que subía, mi miedo también aumentaba. Cuando llegué arriba, abrí una habitación y vi una sombra balanceándose. No me atreví a entrar. Oí una voz que venía de otra habitación:
-¿Qué haces aquí?
Entré y vi que había una niña con un vestido blanco y un peluche en la mano. Quise salir corriendo. La puerta se había cerrado y no podía abrirla. Lo conseguí y salí de allí, pero la niña me seguía. Tenía los ojos en blanco y cada vez se acercaba más.
Bajé corriendo las escaleras y entré en la cocina. Allí, en el suelo, estaba el conductor muerto. La puerta estaba cerrada. No tenía salida, solo podía saltar por la ventana, y eso fue lo que hice, aunque tuve que romper el cristal. Me hice algunas heridas.
Sorprendentemente, se había hecho de noche. A lo lejos vi una luz; lo único que podía hacer era acercarme. Era una casa y llamé a la puerta. Una mujer me abrió y me preguntó que qué me pasaba. Vio mis heridas y me dejó pasar. Me curó y me dijo que podía quedarme, que había una habitación en el sótano. Bajé y entré en ella. La puerta se cerró de golpe. ¡Me había quedado encerrado!
Por una pequeña ventana entraba el reflejo de la luna que iluminaba un reloj parado que marcaba las ocho. Cuando mi vista se acostumbró, miré a mi alrededor y encontré los cadáveres de las personas que siempre cogían el autobús. Me quedé paralizado, mi vista se nubló.
Cuando volví en sí, estaba en una camilla, atado de pies y manos. Todo había sido culpa de mi imaginación.
Adrián Poveda, E. 2.1
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